Las excavaciones arqueológicas de esta ciudad habitada durante unos 125 años, fundada en el año 44 a. E. y abandonada tras el reinado de Nerón, hacia el 69, han puesto al descubierto una sugestiva urbe y un fecundo patrimonio material mueble, a través del cual podemos introducirnos en la vida cotidiana de una colonia del Alto Imperio hispanorromano.

Los hallazgos nos permiten así reconstruir cual fue la historia menuda de la ciudad, conociendo los medios de producción artesanales, las técnicas constructivas y pictóricas de sus edificios, el equipamiento  mobiliario de las casas, la información que nos proporcionan los restos materiales como soportes de escritura, las costumbres culinarias y de consumo en la mesa, así como las relaciones comerciales, las monedas circulantes y los precios del momento, los objetos de adorno personal, los juegos y pasatiempos practicados y, finalmente, la creencias religiosas y funerarias de nuestros antepasados romanos.

Destacan, entre los objetos más significativos conocidos, además de bronces, vidrios, monedas (ibéricas e hispanorromanas) y cerámicas de todo tipo, los paneles decorados del segundo y tercer estilo, que adornaron las viviendas de la ciudad, con ejemplos significativos, como el relato mitológico de los trabajos de Hércules.