Con esta muestra el Museo de Zaragoza pretende retomar su vertiente explicativa acerca de temas relacionados con la Prehistoria y la Protohistoria. De esta manera se refuerza la exposición permanente en la que les dedica un espacio insuficiente, sobre todo si tenemos en cuenta la significativa y amplia colección que conservamos.

Para esta edición hemos escogido un argumento muy atractivo y que se ha tratado poco desde el punto de vista expográfico: la vida espiritual en los tiempos más remotos. La relativa escasez de piezas y contextos hacen que la carga interpretativa tenga que tomar un protagonismo que no es siempre del gusto de los investigadores más cautos o da lugar a frágiles especulaciones. Como consecuencia, no se prodigan las exposiciones sobre estos temas, más allá del mundo funerario que deliberadamente hemos obviado en esta ocasión.

La exhibición se ha querido articular temáticamente y no cronológicamente, para ello se han buscado los puntos de conexión de las diferentes culturas prehistóricas y protohistóricas presentes en el museo, para transmitir al visitante el concepto de la evolución de las creencias desde la universalidad de las ideas.

De esta forma hemos articulado el recorrido en tres apartados; “Las paredes hablan”; “Contactando con los dioses” y “La imagen de los dioses”. En el primero se tratan las manifestaciones pictográficas rupestres, desde el Paleolítico superior a la Segunda Edad del Hierro y que están dotadas de una alta carga simbólica. En el segundo apartado, a su vez dividido en cuatro bloques: “Líquidos espirituosos”; “El vino”; “Aromas sagrados” y “El banquete”, se exponen objetos que hablan de las diferentes formas en que los seres humanos organizaban aquellas liturgias que propiciaban el contacto con el Más Allá. La tercera sección nos pone de manifiesto la figuración que nuestros antepasados daban a sus seres superiores y a sus manifestaciones, ya sea en forma de animal “Animales sagrados”, de personificaciones “Dioses Humanizados” o referentes a aquellos individuos que conseguían llegar a compartir su memoria junto a la divinidad, son los “Humanos divinizados”.

La producción de la exposición “El aliento de los dioses” ha sido realizada por el equipo del Museo de Zaragoza y consta de casi medio centenar de piezas de sus colecciones, muchas no expuestas antes, y de dos magnificas obras cedidas temporalmente por el Museo de Huesca, institución a quien hay que reconocerle su colaboración. También hay que agradecer su cooperación al Museo de Teruel, al  Museo de Navarra, al Museo Numantino y al Museo Arqueológico Nacional.

Folleto de la Exposición