Ha terminado el confinamiento y la apertura que permite el final del estado de alarma nos lleva a pensar en los pequeños viajes que podemos ir realizando. Algunas de estas salidas pueden ser pequeñas excursiones de día o estancias más prolongadas pero, en cualquier caso, requieren de algunos enseres que llevaremos con nosotros. Hoy os proponemos un viaje al estilo oriental, con algunos de los objetos que conservamos en el museo. ¿Venís con nosotros? Vamos muy preparados.

La primera opción que os planteamos es un almuerzo al aire libre para disfrutar del campo. Para ello, llevaremos nuestra caja No-bentô, que es la versión japonesa de la fiambrera española y sirve para contener comida y bebida y trasladar una sencilla vajilla de viaje. Esta caja cuenta con varios cajones que sirven de contenedores de alimentos e incluye dos botellas de estaño que contendrían sake (faltarían otras tres) y cinco platos. A excepción de las botellas, todo el conjunto está realizado en madera tratada con laca japonesa. La decoración se inspira en la primavera avanzada con abundantes motivos marinos, pero también bambú y aves en la parte superior.

Caja japonesa. Primeros dos tercios siglo XIX. Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

Otro utensilio japonés muy común es el tipo de estuches inrô que servían como pastilleros para guardar medicinas y transportarlas. Tradicionalmente, los hombres lo llevaban colgado del cinturón obi durante el periodo Edo. Este tipo de estuches suele constar de varios cajetines diminutos de sección ovalada encajados unos encima de otros y rematados con una tapa que da el aspecto de una única caja. En origen también tenía la función de llevar el sello personal pero, a finales de dicho periodo, se convirtió en un accesorio exclusivamente decorativo para los hombres, que demostraba la capacidad económica o el gusto personal.

Inro. Periodo Edo, siglo XIX. Foto: Miguel Gracia. Museo de Zaragoza.

Los japoneses son muy espirituales y practican sus rezos a diario independientemente de dónde se encuentren. Por este motivo, fabrican pequeños altares portátiles de uso doméstico que pueden colocarse en casa para rezar sin necesidad de ir al templo diariamente o llevarse de viaje para salidas más largas. En el museo conservamos un pequeño altar budista que contiene una imagen devocional en su interior. Tiene forma de armario con dos puertas y está realizado en madera tratada con laca, con aplicaciones metálicas en dorado. La decoración consta de finos motivos ondulantes de inspiración vegetal y floral. En su interior guarda la imagen del dios guardián Bishamon-ten en madera tallada.

Altar. Periodo Edo. Primera mitad s.XIX. Foto: Elisa Santos. Museo de Zaragoza.

Por último, no podemos viajar varios días sin llevar nuestros enseres más necesarios. Para ello, podemos utilizar una caja rectangular de gran tamaño como esta conservada en el museo. Se trata de un objeto de madera tratado con laca japonesa de color negro brillante con suntuosa decoración naturalista en toda la superficie. Tanto la forma como las dimensiones de la pieza corresponden a un arcón de viaje para guardar y trasladar distintos enseres. Además de su uso funcional, tiene carácter decorativo y suntuoso.

Arcón de madera. Periodo Meiji. Segunda mitad s. XIX. Foto: Elisa Santos. Museo de Zaragoza.

La colección de arte oriental que atesora el Museo de Zaragoza es tan variada que ofrece objetos de todo tipo. Las estampas ukiyo e y la cerámica forman parte de los bienes más conocidos pero, como puede verse en esta entrada, el fondo asiático es muy extenso y variado. Poco a poco iremos mostrando más objetos de esta colección que esperamos resulten de interés.

MdZ

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