Continúa una serie de entradas en nuestra página web tituladas “Desde el despacho”. En esta serie, nos hemos propuesto acercar la vida puertas adentro de nuestra institución a todos vosotros. A lo largo de varias semanas, daremos voz a nuestros despachos y será el personal del museo quien os cuente, de primera mano, su trabajo, ilusiones, algunas anécdotas y mucho más. Esperamos que os guste esta serie de novedades y descubra algunos aspectos de los museos que despierten vuestro interés.

Hoy nos cuenta su historia en el Museo de Zaragoza Carmen Gallego, restauradora del museo desde 1995, a quien hemos entrevistado para la ocasión.

¿En qué consiste tu trabajo?

Realizo fundamentalmente una labor centrada en la conservación de las piezas que forman parte de la colección de Bellas Artes del museo. Esto lleva consigo tres aspectos principales: la revisión constante de las obras que están en área de reserva, la elaboración de informes del estado de conservación (esto incluye todas las obras que se prestan a exposiciones temporales, que deben contar con un informe donde se valore si se encuentran en las condiciones idóneas para su préstamo) y la intervención directa o restauración.

Mi trabajo se completa con la asistencia técnica en el desarrollo de exposiciones temporales, tanto realizadas en el museo, como organizadas por el Gobierno de Aragón (por ejemplo “Panteones Reales de Aragón”, 2018-2019).  Así mismo, viajo de correo de forma habitual para supervisar el movimiento y montaje de nuestras obras prestadas a exposiciones temporales.

Por último, a raíz de la incorporación de los fondos de arte oriental a nuestra colección permanente, me he ocupado de la conservación de las lacas. La mayor parte de las mismas está ubicada en área de reserva y, por ello, se extrema la precaución en su almacenamiento: preparo y superviso cada embalaje individual, su ubicación en armario y revisión constante en función del cambio expositivo. Alguna laca ha precisado intervención y he tenido que formarme específicamente para ello, ya que la composición material es muy diferente a todo lo que conocía anteriormente.

Carmela junto al equipo de Kazumi Murose, Tesoro Nacional Viviente de Japón. Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

A lo largo de estos últimos años, lo que más me ha llenado de satisfacción es la colección de arte oriental, me apasiona.

Tradicionalmente, me he dedicado de forma muy especializada a la madera, concretamente a los retablos góticos y renacentistas.

¿Tienes algún mensaje para nuestros visitantes y seguidores en redes? ¿Te gustaría hacer alguna recomendación?

Al hilo de lo que acabo de comentar, me gustaría lanzar un mensaje que ponga en valor el arte de nuestro pasado, el que precede al arte actual. Veo muy en boga este último que, por supuesto, aprecio, valoro y disfruto; pero siento cierta pena al ver que las nuevas generaciones se decantan por el arte actual y dejan a un lado el arte gótico o el renacentista. No es cuestión de elegir, sino de disfrutar con lo que nos ofrece cada estilo, que es mucho. Animo a los visitantes a que vengan al museo, contemplen la magnífica colección que albergamos y disfruten con estas obras. Este arte tiene muchas facetas que permite que sea disfrutado por todos los públicos.

Intervención del retablo de la Santa Cruz de la iglesia de Blesa. Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

El Museo de Zaragoza cuenta con dos conservadoras-restauradoras en plantilla. Su labor es fundamental y su criterio técnico nos ofrece una información muy valiosa para la gestión de la colección. El trabajo de estas profesionales forma parte de muchos de los procesos y actividades que el museo vive a diario; son los ojos que observan con más atención nuestro Patrimonio y la envidia de todos nosotros por esa “relación íntima” que se establece entre restauradora-obra de arte.

MdZ

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