El Museo de Zaragoza presenta esta exposición virtual por el Día Internacional de la mujer, con una selección de obras desde la antigüedad al siglo XX.

Con ella, rinde homenaje a las mujeres creadoras, a las musas y a las representadas y se compromete con la responsabilidad de dar visibilidad a la mujer. En adelante, proponemos una mirada desde la perspectiva de género, atenta y profunda, sensible e inteligente, como la de nuestras protagonistas que, esperamos, nos lleve a reflexionar a todos sus espectadores.

 

“Mosaico con la representación de la musa Clío”, autor desconocido. Ca. 193-200, época de Septimio Severo (145/187-211).

Se encontró en Zaragoza capital (antigua Colonia Caesar Augusta), entre la calle Murallas romanas y la plaza de César Augusto.

Este pavimento originalmente estaría decorando un triclinium (espacio dedicado a comedor) de 8,30 x 5,90 m.

La composición original del mosaico constaba de un cuadrado, formado por una línea de teselas negras, donde estaba inscrito un emblema circular polícromo delimitado por un trenzado. Cada ángulo se decoró con la representación de una musa. Sólo se ha conservado completa la de Clío. Lleva túnica y diadema de plumas, está flanqueada por un stilo (instrumento para escribir) y un diptychon (tablillas de cera para escribir), símbolos con los que, frecuentemente, se asocia en los siglos II-III.

Las nueve musas canónicas eran hijas de Zeus y de Mnemósine (La memoria) y Clío (La que ofrece gloria) era la musa de la historia. La representación de las musas, según su contexto, se suele interpretar como alusiones a las artes en sentido genérico.

Mosaico de la musa Clío, 191-200 d.C. Colonia Caesaraugusta (Zaragoza). Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

“Doble retrato de matrimonio”,   Lavinia Fontana. Óleo sobre cobre. H. 1577.

La pintura ingresó en el museo de Zaragoza en el año de 1828, como depósito de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis.

De pequeño formato, muestra el retrato de una pareja de recién casados, sobre ambas caras del soporte. La joven engalanada para la ocasión porta rica joyería de perlas y rubies mientras su esposo, que viste jubón y ropillas negras, está acompañado de un perrito, como símbolo de la fidelidad. La pintura sigue la tipología de los denominados piccola pitura, pequeñas obras de gabinete que se realizaban como regalos para destacados coleccionistas o cartas de presentación para posibles comitentes y que se desarrollaron en la escuela boloñesa. Encontramos ejemplos significativos de este tipo de pinturas en artistas de la talla de los Carracsi o Guido Reni (1575-1642) Passerotti (1529- 1592) o Denys Calvaert (h. 1540-1619).

"Doble retrato de matrimonio", Lavinia Fontana, 1577-1585. Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

“Retrato de Doña Isabel Cistué y Nieto” , Henry Humphry Moore. Óleo sobre tabla, 1895. Donación: Legado testamentario del pintor, 1927

La pintura ingresó en el museo por mediación de la segunda mujer del pintor, la condesa María Sabina de Goreche, cumpliendo así el deseo del artista. Representa a la primera esposa de Moore, la aragonesa Doña Isabel Cistué y Nieto, en una escena intimista y personal. Es una pintura de brillante colorido y gran fuerza expresiva, en la que la protagonista se muestra en relajada pose, sentada en un sillón y tocando una guitarra. El decorativismo y el gusto por lo oriental queda patente en muchos detalles; en el biombo, la mesita baja, la bandeja sobre el mueble, el jarroncito con flores, elementos que desvelan su pasión por el arte oriental.

"Retrato de doña Isabel Cistué y Nieto", Henry Humphry Moore, 1898. Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

“La cofia holandesa”, Ernest Joseph Laurent. Óleo sobre lienzo, 1917. Depósito: Museo Nacional del Prado, 1933

La pintura fue adquirida por el museo del Prado al propio pintor con destino al museo de Arte Moderno en Madrid en 1918. El lienzo es conocido como “La Holandesa” o “La cofia holandesa” y está ejecutado por medio de una técnica impresionista. Muestra un bello retrato de una mujer joven sentada en un banco, de rostro sonriente, transmite dulzura. Su cuerpo en reposada pose, cruza sus brazos sobre sus piernas al mismo tiempo que con sus manos sujeta una flor. Su traje compuesto de falda, blusa, toquilla va completado por la típica cofia holandesa de hilo blanco que adorna su cabeza.

Laurent fue un pintor de técnica neoimpresionista, influenciados por artistas consagrados como Ernest Hébert y Georges Seurat quien fue amigo y maestro.

"Holandesa", Laurent, 1917. Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

“María Pelegrín”, Santiago Pelegrín. Óleo sobre lienzo, 1925.

Retrato de la hija del pintor en el que destaca la depuración de la línea empleada, circunscrita al dibujo perfilador y a la sobriedad de la gama cromática, reducida a grises, verdes y ocres, junto con el deseo de obviar cualquier efecto de profundidad, convierten a esta obra en una clara representante de la línea que vio en el ´retorno al orden´ una nueva concepción de la modernidad estética.

La rigidez estática de la modelo responde a una mezcla de los ideales estéticos de I Valori Plastici italianos que trataron de aunar los resultados de la vanguardia con los valores clásicos, y se aprecia también cierta referencia a modelos femeninos de Picasso, como se ve en Desnudo en la playa.

"María Pelegrín", Santiago Pelegrín, 1925. Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

MdZ