Esta semana se ha instalado una nueva palabra en nuestro vocabulario y, con ella, llega un cambio importante para muchos de nosotros. La desescalada trae consigo el comienzo de una nueva etapa para el territorio aragonés y hoy, más que nunca, pensamos en nuestros pueblos que tanto hemos echado de menos. En un fin de semana que se presenta mirando al campo, os invitamos a disfrutar de nuestras obras, con la ilusión de quien espera acercarse a la naturaleza muy pronto.

Durante dos meses, la imagen de nuestros pueblos ha sido la de este óleo de Mariano Barbasán: vacía y silenciosa. Esta obra reproduce un rincón de Toledo, pero el aspecto de finales del siglo XIX nos trae a la cabeza la visión de nuestros pueblos “confinados” durante todo este tiempo.

Un rincón de Toledo, Mariano Barbasán, ca. 1887. Foto: Elisa Santos. Museo de Zaragoza.

Los cambios de estos días van a traer una nueva situación y es muy posible que este fin de semana el aspecto de muchos lugares sea completamente diferente. Muchos de nosotros vamos a poder desplazarnos dentro de nuestra provincia. Ya se pueden atender los huertos particulares y es posible que veamos más de una familia acercándose al río, compartiendo espacio con el ganado, los pastores y quienquiera que acuda a despejarse o simplemente caminar.

Paisaje de bosque y río, Carlos de Haes, ca.1855-1870. Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

Algunos aprovecharán para recordar a sus seres queridos y hacerles la visita que tanto han esperado durante estos meses. Otros se conformarán con pasear por un entorno tranquilo y en paz mientras disfrutan del aire libre.

Cementerio de Veletri, Ermenegildo Estevan, 1931. Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

En ese paseo tranquilo, tal vez llegue el momento de sentarnos bajo un árbol escuchando a los pájaros. La sensación de calma y libertad puede ser tan agradable que, si tuviésemos una lira, podríamos soñar con convertirnos en Orfeo y calmar a las fieras.

Mosaico de Orfeo, Roma Alto Imperio (193-217 d.C.). Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

En otras comunidades son muy afortunados y el paseo les conducirá al mar, la playa o la bahía más cercana. Unas vistas que, sin duda, disfrutarán.

Shinagawa, Hiroshige, 1855. Foto: Miguel Gracia. Museo de Zaragoza.

Por último, habrá quien no desee salir de casa o quien, deseándolo, no pueda. En esas circunstancias, siempre nos quedará mirar el paisaje por la ventana y esperar que llegue la inspiración mientras escribimos, dibujamos o simplemente descansamos. De cualquier modo, os deseamos un feliz fin de semana ya sea de interior o en contacto con la naturaleza.

Retrato del profesor Carlos María Álvarez-Peña, José Baqué Ximénez, 1943. Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

 

MdZ