El hallazgo en la Colonia Celsa (Velilla de Ebro, Zaragoza) de un reloj, cuadrante solar o polos portátil, es la excusa perfecta para comentar como los romanos controlaban el paso de las horas y de los años. Es un objeto excepcional, tanto por lo que representa como por la rareza del hallazgo. El reloj está grabado sobre una rodaja de yeso de forma piramidal en cuyo reverso hay un trozo de sílex que sirve para su sujeción. Sobre la línea horizontal se marcan las doce líneas horarias (horae temporales), paralelas entre sí en lugar de partir todas de un punto central, como sucede en los cuadrantes. Unos trazos más cortos indican el tiempo transcurrido inter horas, según la expresión inter horam tertiam et quartam por ejemplo. La división en doce partes del día equinoccial o el solsticial viene expresada y definida por Vitrubio, según las normas que describe para trazar el analemma. El reloj de Celsa se data en la primera mitad del siglo I d. C. (dimensiones: diám.: 9,8 cm; grosor disco: 3,8 cm)

Esfera del reloj romano de Celsa (Fot. J. Garrido)

Ell calendario romano es complicado. No se contaba con los días ya pasados  de cada mes, sino según los que faltasen para llegar a las kalendas (día I), a las nonas (día 5; día 7, en los meses de 31 días) o a los idus (día 15, en los de 31; día 13 en los demás). Así, “pridie Kalendas Martias” es el día anterior al 1 de marzo (último de febrero). El “dies ante diem IIII Nonas Januarias” (día antes de cuando falten cuatro para las nonas de enero) es el 2 de enero, pues las nonas de enero son el 7. Los escolares aprendían esta regla: “Sex maius nonas, october, iulius et mars. Quattuor at reliqui. Dabit idus quilibet octo” = Mayo, octubre, julio y marzo tienen 6 días de nonas. Todos los demás, 4. Los días de idus son siempre 8.

En origen había diez meses (marzo-diciembre) y un periodo invernal intercalado (que tomó luego la forma de los meses enero y febrero). Muchos meses tenían nombre numeral: quintilis, sextilis, september, october, november, december. En el 153 a. C. se tomó la medida de empezar el año con el mes de “Ianuarius” (Jano es el dios de las entradas y salidas). “Martius”, “maius”, “quintilis” y “october” tenían 31 días (con idus en el 15 y nonas en el 7). Febrero, 28. El resto, 29 (con idus en el 13). En los años pares, por tener el año 355 días, se añadían 22 ó 23 días compensatorios a fines de febrero. Este “mes intercalar” se añadía al 23 de febrero y se le incorporaban, además, los 5 días restantes (así, “februarius” quedaba con 23 días y el “mensis intercalaris” con 27-28). Pasados los años se produjo un enorme desfase que Julio César remedió con su “Calendario Juliano”: el año 46 a. C. fue prorrogado hasta contar con 455 días, de esta manera se consiguió que el calendario oficial coincidiera con las estaciones naturales.

Un calendario republicano: los Fasti Antiates

Los meses “quintilis” y “sextilis” se llaman “julio” y “agosto” en honor de Julio César y de Augusto, respectivamente. César nació en “quintilis” y Augusto consideraba a “sextilis” su mes de la suerte.

En 1582 el papa Gregorio XIII también reajustó el calendario: para que la primavera coincidiese en su sitio verdadero, el papa decretó la supresión de diez días de ese año. Esta reforma no se tiene en cuenta en los países de religión “ortodoxa”.

MdZ

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