Hoy es el Día Internacional del Trabajo y desde el museo rendimos homenaje a todos los trabajadores. Esta vez queremos que nuestros protagonistas del día sean aquellos hombres y mujeres del campo que, desde antiguo, han trabajado de manera muy dura. Para ello, vamos a realizar un rápido repaso a las fotografías conservadas en el museo que mejor reflejan algunos de los oficios tradicionales. Todas ellas datan de principios del siglo XX y son testimonio de su época y del mundo rural. Con esta mirada al legado Cativiela (podéis ampliar información sobre este fotógrafo aquí), del que proceden todas las imágenes a excepción de una, recordamos a nuestros antepasados trabajando con la herramienta más valiosa que existe, sus propias manos.

Una de las tareas habituales en los hogares de principios del siglo XX era confeccionar colchones y, una vez al año o cada dos, arreglarlos ya que se endurecían por el uso. Los colchones de nuestros abuelos estaban hechos con una tela en forma de saco que solía rellenarse con lana. Esta se apelmazaba con el uso y requería arreglo de vez en cuando. Para ello, se vaciaban los colchones, se lavaban tanto las telas como su contenido y, a continuación, se ahuecaba la lana golpeándola con una vara. Este trabajo lo realizaban las propias mujeres o un colchonero al que se pagaba por ello, tal como vemos en la fotografía.

Colchonero, sin firma, 1915-1928. Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

La lana y su adecuación para realizar tejidos era otro asunto que generaba mucho trabajo en la época.  Para poder tejer, era necesario cardar e hilar la lana que se obtenía tras el esquilado de las ovejas. En esta fotografía vemos los tres pasos a seguir: una mujer carda con un peine, otra hila con el huso y la tercera teje con agujas de media.

Mujeres ansotanas, 1915-1928. Eduardo Cativiela. Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

Parte de los pasos a seguir con la lana se aprecia también en esta fotografía que muestra una mujer hilando bajo un arco con el huso, junto a una anciana que está sentada con una devanadera. Esta herramienta, como su nombre indica, servía para devanar una madeja de lana. El Museo de Zaragoza conserva ejemplares de estos útiles y herramientas originales que componen su sección de etnología y esperamos volver a mostrarlos a nuestro público cuanto antes.

Mujeres ansotanas hilando, 1915-1928. Eduardo Cativiela. Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

La mejor manera de ilustrar el trabajo en el campo es, sin duda, a través de los labradores. En esta fotografía vemos a un hombre y una mujer que llenan un saco con grano. Ambos se encuentran en una era rodeados del grano cosechado. Es una imagen perfecta para ver la indumentaria de labradores de la época y transmite la dureza del trabajo.

Labradores, 1903. Eduardo Cativiela. Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

La vida en el campo a principios del siglo XX era austera y sencilla. Dentro de las casas, la vida giraba en torno al hogar. Todo ello lo vemos inmortalizado en esta fotografía. Una mujer hilando con la rueca y el huso, otra mujer de espaldas y un hombre que mira el fuego. Representan la imagen de la difícil vida en el campo aragonés de nuestros antepasados.

Interior de una cocina ansotana, 1915-1928. Eduardo Cativiela. Foto: José Garrido. Museo de Zaragoza.

MdZ

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